4.TENERIFE NORTE.CUARTA PARTE

Empezamos otro día en Puerto de La Cruz con una espléndida mañana a finales de marzo (26 de marzo) que en nuestra Galicia correspondería a un buenísimo día del mes de julio.

Desde el hotel Sol Costa Atlantis, después de “recargar pilas” con un buen desayuno buffet, estamos listos para descubrir más rincones de la ciudad.

La magnífica ubicación del hotel nos permite, solo con atravesar su zona jardín-piscina, estar en el paseo frente al mar

A pesar de no ser aún las 10:00h de la mañana ya está muy animado el paseo, la pedregosa playa y el mar con los surfistas en acción.

Los días anteriores siempre íbamos por el paseo de la costa, Avda. Cristóbal Colón, que discurre paralelo a las playas y a los Lagos Martianez, esta vez decidimos ir  por el interior del pueblo  por alguna de las calles de más renombre.

Llegamos a la Calle de Iriarte.

 Encontramos una extraña figura de madera

Es el “Homenaje a Nestor”. La ciudad de Puerto de la Cruz rinde homenaje con esta obra de madera realizada por el escultorJuan Carlos Batista en 1998 al pintor Néstor Martín-Fernández de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria 1887-1938).

En la zona destacan varios edificios del tradicional estilo canario con sus magníficos balcones de madera tallada.

Un poco más abajo, la llamada La Casa Iriarte, que da el nombre a la calle, fue el hogar de la familia Iriarte de origen vasco. Bernardo de Iriarte Cisneros llegó a Tenerife desde el norte de España a finales del siglo XVII para ocupar un puesto diplomático de relevancia al servicio a la Corona. Sus descendientes también fueron figuras destacadas en la España del siglo XVIII, diplomáticos, escritores y humanistas, destacando Tomás de Iriarte (1750-1791) fabulista, traductor, dramaturgo y poeta.  Un cartel informativo en la antigua casa, recuerda a la ilustre familia.

Enfrente de la Casa de Iriarte está otra magnífica casa palaciega, que fue en su día el antiguo Colegio de la Pureza y actualmente una residencia para la tercera edad gestionada por los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca.

La actual Casa de los Hermanos de la Cruz Blanca (C. de Iriarte, 8), la  anteriormente citada Casa Iriarte (C. San Juan, 17) , junto con las cercanas Casa Ventoso (C. de Valois, 3A), Casa Reimers (C. San Juan, 20) y la Casa de Álvarez Rixo (Calle Blanco, 19), forma un conjunto arquitectónico muy representativo del denominado ‘siglo de oro portuense’ (XVIII), cuando el auge comercial del puerto propició la llegada de activos emprendedores españoles y extranjeros, convirtiéndose la mayoría en ricos empresarios que construyeron sus mansiones familiares  y colaboraron en el desarrollo de la ciudad, costeando en ocasiones algunas obras de urbanismo, restauración de iglesias o creación de escuelas.

La casa de los Hermanos de la Cruz Blanca mira hacia la Plaza Concejil también llamada del Pozo o de los Agustinos, considerada una de las primeras plazas en la urbanización original de Puerto de la Cruz. El nombre de Pozo, se debe a la existencia, antiguamente en el lugar, de un pozo del que se abastecían los vecinos. También era conocida como la plaza de los Agustinos, porque frente a ella estuvo dicho colegio en el siglo pasado. En su centro se erige el busto dedicado a Francisco Javier “Paco” Afonso Carrillo (Puerto de la Cruz 1948 – San Sebastián de La Gomera 1984), alcalde de la ciudad y Gobernador Civil de la provincia (Alcalde de Puerto de la Cruz, 1979-1984, Gobernador Civil de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, 1983-1984 ) hasta su fallecimiento, ocurrido trágicamente el 11 de septiembre de 1984, cuando él, junto con su conductor y los bomberos voluntarios locales, se vieron envueltos en una tormenta de fuego en La Gomera mientras luchaban contra incendios forestales que asolaban la isla. El monumento en su recuerdo fue inaugurado el 3 de diciembre de 1985.

Seguimos hacia la Playa del Muelle y vamos en dirección al Barrio de La Ranilla que vimos ayer por la noche, hoy queremos verlo a la luz del día ya que nos pilla de paso hacia nuestro destino final de esta mañana que será el Castillo de San Felipe y Playa Jardín.

El Barrio de la Ranilla, es un auténtico museo al aire libre de arte urbano (Puerto Street Art). Merece la pena verlo tanto de día como de noche, cuando los murales llaman la atención desde las animadas terrazas de los numerosos bares y restaurantes de la zona que se llenan sobre todo a la hora de la cena, como vimos ayer. Pero con la luz del sol, podemos apreciar mejor sus detalles y descubrir alguno que pasa más desapercibido en la oscuridad.

Paseamos por la C. Mequinez aun con las terrazas de los bares y restaurantes vacías, nada que ver con la animación de ayer por la noche.

En nuestro recorrido vamos encontrando simpáticas decoraciones además de los grandes murales

En C. Mequinez, 66, encontramos el Espacio Artesano La Ranilla que reúne las obras de un colectivo de artesanos para su exposición y venta.

Llama la atención la casa de enfrente, con su fachada decorada a modo de las antiguas colchas de ganchillo multicolor.

Seguimos descubriendo grandes murales…..

Una pena que las fachadas de muchas de las casas no estén más cuidadas y con una buena mano de pintura que evite la visión de los descascarillados que afean este barrio tan turístico cuyos visitantes son su principal motor económico.

Además de las pequeñas casas de pescadores (la mayoría reconvertidas en bares, restaurantes o tiendas de souvenirs) también encontramos algún ejemplo de las antiguas casonas tradicionales de los ricos empresarios de siglos pasados.

Seguimos hacia el Peñón del Fraile

La gran roca volcánica originada en la erupción del volcán Taoro en 1430 y que rodó hasta los acantilados, recibió el nombre del “Peñón del Fraile” en recuerdo de  Fray Juan de Jesús, quien, en el siglo XVII, después de recorrer con sus compañeros religiosos la calle San Felipe hasta los modestos y solitarios llanos del mismo nombre para ayudar o reconfortar a los humildes vecinos, buscaba un lugar solitario para recogerse en oración, un día eligió esta elevada peña, formando una cruz con dos troncos secos de verode. Cuentan la leyenda que, a la mañana siguiente, apareció el peñón florecido.

También cuenta la leyenda que bajo el montículo, en el fondo de una profunda grieta que la erosión y el paso del tiempo cerró, se esconde el tesoro del pirata canario Caraperro. Según otra versión el pirata nunca pudo recuperarlo porque un comerciante irlandés lo descubrió, se apodero de él y desapareció para siempre.

En 1814 el genovés Luis Carlos Lavaggi de Camilli, además de construir un paseo nuevo hacia la roca, mandó construir una escalinata de piedra hacia la cumbre, donde se ubicó una gran cruz rodeada de un muro con asientos y baldosas, convirtiéndolo en un extraordinario mirador.

Luis Lavaggi (1768-1828), llegó a la ciudad en 1787 trabajó como contable en los negocios del empresario Bernardo Cólogan Fallon pero después se independizó para dedicarse al comercio de los vinos, así como a la actividad de banquero y a la construcción, amasando una importante fortuna que empleo en muchas acciones filantrópicas y de forma altruista mejoró y embelleció la ciudad con sus reformas urbanísticas.  

En 1855, se inició la mejora del Peñón añadiendo un templete de seis columnas, que fue techado posteriormente para proteger la Cruz, bajó las ordenes de Antonio González Real, alcalde constitucional y Antonio Perera López, primer teniente de alcalde, además de constructor y supervisor de obras.

En 2003 el monumento fue restaurado con una nueva cúpula de bronce.

Al lado de la base del promontorio está el estadio de fútbol, así que el Peñón es además un palco privilegiado para ver las mejores jugadas de los partidos que celebra el equipo portuense con sus visitantes rivales.

Seguimos por la avenida que lleva el nombre de su promotor: Paseo de Luis Lavaggi desde que se lo impusiera en 1815 el Ayuntamiento para perpetuar su memoria.

El antiguo camino abría el sendero al cementerio católico, creado en 1811, como consecuencia de la triste necesidad de dar sepultura a las numerosas víctimas de la fiebre amarilla que azotó la ciudad.

Luis Lavaggi, practicante de la religión católica, tras su fallecimiento recibió sepultura en dicho cementerio, actualmente Cementerio de San Carlos.

Llegamos al Castillo de San Felipe en el 10 de la misma calle de Luis Lavaggi.

Construido en los primeros años del siglo XVII como protección frente a los ataques de piratas y corsarios, aunque a lo largo de su historia se utilizó para actividades muy distintas, desde almacén de munición a hospital o leprosería, actualmente es un centro cultural, sala de exposiciones y conciertos.  Fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1949.

Horario de visita (gratuita): Martes a sábado de 11 a 13 horas y de 17 a 20 horas

A los pies del castillo se extienden playas de arena negra volcánica. Este litoral se conoce como Playa Jardín.

Antes de visitar el castillo y de bajar a la playa, vamos por la Avda. de Blas Pérez González a curiosear por el mercadillo- rastro que se coloca los miércoles y sábados (de 9:00h. a 14:00h.) en el Mercado Municipal.

También hay lugar para actuaciones musicales en directo

En los pisos superiores varias tiendas muestran sus distintos productos.

Los más concurridos son los locales gastronómicos, sobre todo los que exponen los pescados y mariscos que se pueden elegir y preparar para degustar al momento.

Volvemos al Castillo de San Felipe, antes de que cierre a las 13:00h, para una visita rápida a la exposición de artesanía que alberga en su interior. En la antigua edificación no hay más que ver.

Desde el exterior del castillo

Un músico contribuye con su violín a crear un ambiente muy agradable en este rincón de la plaza del Castillo de San Felipe con magníficas vistas sobre la costa.

Seguimos caminando por el Paseo de Playa Jardín

Una larga costa de rocas y arena negra que se extiende desde el Castillo San Felipe hasta Punta Brava, englobando la playa del Castillo, playa Chica-Charcón y playa de María Jiménez – Punta Brava, a los pies del Loro Park.

Lo mejor es el magnífico jardín que le da nombre, diseñado por el artista canario César Manrique, repleto de palmeras, plantas autóctonas, muros de piedra, cascadas, zonas de juegos infantiles….. 

La playa está muy próxima al parque temático “Loro Parque”, justo debajo, 

Decidimos pasar un buen rato en la playa para descansar del largo paseo y darnos un refrescante baño.

Playa Chica tiene menos gente así que quedamos aquí. Dejaremos la visita a la cercana Punta Brava para otra vez que volvamos a Tenerife.

Después del baño se abre el apetito.

Buscamos el sitio más cercano que tenemos apuntado en nuestro “listado de sitios para comer” que hemos hecho partiendo de comentarios positivos en los foros. El que nos queda más cerca es la Tasca los Mellizos, vamos a ver qué tal está….

Vamos por el Paseo de la Playa hasta cruzar la Avenida calle Luis Lavaggi  a nivel del Cementerio de San Carlos y el pequeño parque  del Polvorín

Cruzamos la Avenida de José María del Campo Llarena, subimos por Avenida Melchor Luz

Aunque el interior no está mal, la terraza es perfecta, al aire libre y con poca gente (no podemos olvidarnos del dichoso Covid, en marzo aún recién la “sexta ola”, así que cuanto más aire y menos gente mejor) .

Probamos la carne de cabra, uno de los platos típicos,  también están bien hechas las setas con bacon y mojo, sabrosas las croquetas…. Todo rico.

Brindamos con chupitos de licor de miel

Después de comer, seguimos callejeando de vuelta al hotel.

 Nos cruzamos varias veces con el tren turístico que hace el recorrido hacia el Loro Park.

Encontramos otro de los locales de nuestro listado para comer con buenos comentarios y recomendaciones en los foros.

Tras la puerta de lo que debió haber sido una humilde casa de pescadores, se abre un amplio patio hoy reconvertido en comedor de un típico mesón canario.

Cerca encontramos el bonito pasaje conocido como Calle de la Verdad

Seguimos por la calle Valois

Encontramos la Casa de Ventoso (C. de Valois, 3A), edificio construido a principios del siglo XVIII. Sus primeros propietarios fueron el capitán Juan de Arbelo y su esposa Catalina Pérez de los Ángeles. En 1730 el palacete pasó a manos del irlandés, natural de Waterford, Bernard White (apellido españolizado Blanco), que tenía un negocio de exportación de vinos e importación de cereales, granos y maderas desde las Islas Británicas y Estados Unidos. Blanco, en 1750 mandó construir el torreón con el objetivo de divisar los barcos que acudían al puerto. En esa época, los primeros comerciantes en llegar al muelle, tenían preferencia a la hora de hacer las transacciones comerciales con los recién llegados de los navíos. Posteriormente, la casa fue vendida a una familia de origen gallego, los Ventoso, que acabaron dando nombre al edificio. Fue también cuartel y casa consistorial. Durante casi cuarenta años, fue colegio regentado por los Padres Agustinos, hasta su cierre definitivo en el año 1995.

Catalogada como Bien de Interés Cultural en 1988, su torreón es una de las atalayas más altas de la arquitectura isleña, mirador desde donde se ve perfectamente el puerto y confirma su importancia en el antiguo comercio naval.

Continuamos por el paseo de las Palmeras (Avda. Aguilar y Quesada).

Este centenario paseo discurre a lo largo de unos 300 metros en línea recta paralelamente al cauce del barranco de San Felipe. Decenas de esbeltas palmeras Canarias (Phoenix canariensis) marcan el trayecto hasta la Playa de Martiánez donde está nuestro hotel.

Llegamos a nuestro Hotel Sol Costa Atlantis…

Un descanso y hasta la hora de la cena, aún nos da tiempo a asomarnos a la Playa Martiánez frente al hotel y bajo a los acantilados que llegan a alcanzar una altura de 50 metros hasta el mirador de La Paz.

Hacemos un pequeño recorrido en dirección a la carretera del Este, que sube hacia el túnel de Martiánez  viendo los acantilados sobre el mar, por el tramo costero conocido popularmente como “Laja de la Sal”.

Llegamos a nivel del Hotel Best Semiramis, frente al cual existe un magnifico charco natural (piscina de la Laja de la Sal), dotado con áreas de solarium, zonas verdes y escaleras de acceso desde la carretera del Este.

Esta piscina natural desde 1970 fue de uso privativo del hotel por una concesión de la Dirección General de Costas del Ministerio de Medio Ambiente. En febrero de 2008, el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz anunciaba que por fin la ciudad podía recuperar el uso público de la piscina natural de la Laja de la Sal, que durante más 30 años fue de uso exclusivo para los clientes del Semiramis. Catorce años después, esta magnífica piscina natural, no tiene ni uso público ni uso privado, está cerrada mientras se deteriora por la acción del mar y la evidente falta de mantenimiento. Vemos algunos pescadores caminando por la falda del acantilado que no parecen preocupados por los peligros de las sacudidas del mar y los desprendimientos del terreno.

Volvemos al hotel, nos espera una magnifica cena

Y para terminar el día, un mojito y una piña colada en una agradable terraza con música en directo en el Paseo Martianez

Después de estos magníficos días en Tenerife, volvemos a casa

Con ganas ya de ponernos a planear nuestro siguiente viaje……

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