1.4.4 SAN PETERSBURGO (RUSIA). HERMITAGE Y SAN SALVADOR SOBRE LA SANGRE DERRAMADA

El Museo del Hermitage es una de las mayores pinacotecas del mundo pero además, entre las más de tres millones de obras únicas que alberga, se encuentran piezas arqueológicas, antigüedades romanas, griegas y egipcias, cuadros y esculturas de la Europa occidental, arte oriental, arte ruso, joyas, monedas, armas…..La mayoría formaban parte de las colecciones privadas que los antiguos zares fueron reuniendo durante varios siglos. Tan inmenso legado ocupa un complejo formado por seis edificios, el más importante es el Palacio de Invierno, residencia oficial de los zares rusos, que es una auténtica obra de arte en sí mismo.

El Palacio de Invierno actual es el cuarto edificio que se construyó, además sufrió continuas remodelaciones entre finales de 1750 y 1837 cuando fue seriamente dañado por un incendio, siendo reconstruido de forma inmediata por orden del zar Nicolás I. 

El primer Palacio de Invierno se remonta a la época del zar Pedro I el Grande, quien ordenó su construcción entre 1711 y 1712 resultando un modesto edificio de dos plantas principales bajo un tejado de pizarra, fue aquí donde murió Pedro I en 1725. En 1721 se había iniciado la segunda versión del Palacio de Invierno . Isabel Petrovna, hija de Pedro I  puso en marcha la edificación del gran palacio entre 1754 y 1762 aunque no vivió para verlo terminado, fue su sucesor, Pedro III, quien pretendió hacerse cargo de la continuación de las obras aunque su reinado duró unicamente 186 días siendo destronado por su esposa Catalina II la Grande y fue ella la que  terminó la construcción del Palacio de Invierno a su gusto  e inicio una actividad de coleccionista de obras de arte insaciable que parece que se inició en 1764, cuando un rico comerciante berlinés Johann Gotzkowski le ofreció la colección de 225 cuadros reunida para el rey Federico II de Prusia.

Catalina II mandó construir en 1765 otro edificio anexo, un palacio más privado al lado del Palacio de Invierno, al que llamó Pequeño Hermitage, el nombre hace alusión al termino francés “ermitage” o en castellano «ermita», «refugio del ermitaño», decorado con esmero con las más valiosas obras de arte, pinturas y esculturas, era donde la “ermitaña” soberana solía pasar sus horas de ocio y solamente los amigos más íntimos podían hacerle compañía, sus invitados deberán seguir las reglas escritas por la  propia Catalina, la regla más importante era “mantener en secreto todo lo que sucediera en estos aposentos, sin hablar de ello nunca con los demás”.  Pedro I el Grande también se hizo construir un pabellón privado similar (Hermitage) entre 1721 y 1725 en Peterhof.

Este nombre de “Hermitage” fue trasladado posteriormente a todo el edificio convertido en museo.

La pasión por el arte de Catalina la llevo a adquirir no solo pinturas en las más importantes subastas de arte europeas, si no también esculturas romanas, griegas y renacentistas, dibujos, grabados y más de 38.000 libros.

Poco a poco la colección había crecido tanto que requería otro edificio. El pabellón inicial de Catalina, fue ampliado por el arquitecto Yuri Felton (1773-1775), quien conectó el Pabellón del Hermitage con el otro edificio residencial a través de galerías a ambos lados de un jardín colgante, consiguiendo mucho más espacio para las valiosas obras de arte que Catalina fue acumulando a lo largo de los 34 años que duró su reinado (1762 – 1796).

Sus sucesores siguieron engrandeciendo la fastuosa colección de Catalina durante los dos siglos siguientes con nuevas adquisiciones, una de las más importantes es la de Alejandro I de Rusia al hacerse en 1815 con la colección privada de la mismísima Emperatriz Josefina, esposa de Napoleón Bonaparte. 

En 1852, el zar Nicolás I de Rusia abrió al público parte del palacio, como Hermitage Museo Imperial. Se siguieron construyendo nuevas estancias para las magníficas colecciones que siguieron creciendo. Con la Revolución y la desaparición de los zares, en 1917, el Palacio de Invierno fue declarado Museo Estatal.

El Museo del Hermitage sobrevivió asaltos, incendios, revoluciones y guerras mundiales, con grandes esfuerzos, fueron muchos los que contribuyeron a que sus obras no fueran dañadas y pudieran conservarse para el deleite de quien hoy los puede visitar presencialmente (antes de la pandemia del Covid 19 era visitado anualmente por cerca de 5 millones de personas) y de forma virtual millones y millones se suman a conocer el impresionante Hermitage. Actualmente, la pinacoteca, considerada como una de las tres más importantes del mundo junto con el Prado y el Louvre, tiene unos 35 millones de suscriptores en sus redes sociales.

 Los tesoros del museo se encuentran repartidos en 400 salas, se dice que recorrer todas las estancias supondría hacer un recorrido de 24 kilómetros y para ver las obras más importantes expuestas en el Hermitage serían necesario 5 días completos, dedicando a cada obra como mucho 15 segundos. Otros cálculos aseguran que para verlas todas dedicando un minuto a cada obra, serían necesarias 7 horas diarias, 6 días a la semana, durante cinco años. En definitiva, que para poder disfrutar y no saturarse, es fundamental centrarse en aquellos espacios más representativos del Hermiage y según el tiempo disponible reservar un mínimo de 3 horas para un recorrido rápido por los salones de gala del Palacio de Invierno, el Pequeño Ermitage y según las preferencias personales seleccionar alguna sala del  Viejo y del Nuevo Hermitage.

Además de  los lunes también el 1 de enero y el 9 de mayo está cerrado.

Llegamos al  antiguo Palacio de Invierno.

Empezamos el tour guiado por el Hermitage siguiendo a nuestra guía Natalia de “excursionesparacruceros.com” que incluye la entrada al museo y nos evita las colas necesarias para adquirirlas.

Pasamos directamente al hall de entrada por el monumental pasillo de arcos

Desde aquí se accede al primer piso por laescalera principal del Palacio de Invierno conocida como la “Escalera de los Embajadores”, llamada así porque por ella debían subir los diplomáticos extranjeros hasta la Sala del Trono donde los recibían los zares. También es conocida como“Escalera del Jordán”,en la Fiesta de la Epifanía, el Zar junto con su familia y el séquito real descendía por la escalera imperial para la ceremonia de la Bendición de las aguas del río Neva, en recuerdo del bautizo de Jesús en el Jordán.

La escalera principal del palacio es una creación deslumbrante de mármol, granito y oro construida en el siglo XVIII con grandes ventanales, mosaicos, pinturas y esculturas.

PLANO DEL PRIMER PISO:

Seguimos a nuestra guía Natalia escuchando atentamente sus explicaciones por la audioguía.

Alguna de las salas más destacables que vimos fueron “la Sala de los Mariscales de Campo” (Sala 193). Entre columnas de mármol, bajo la luz de las espectaculares lámparas se muestran los retratos de los mariscales de campo rusos.

 “Sala de Pedro I el Grande” (Sala 194).  La sala está dedicada a la memoria del zar Pedro el Grande, creada en 1833 y restaurada después del incendio de 1837. Destacan las paredes revestidas con paneles de terciopelo rojo de Lyon bordados con hilo de plata, el monograma del Emperador (dos letras latinas P), águilas bicéfalas y coronas. En las partes superiores de las paredes hay pinturas (de Pietro Scotti y Barnaba Medici) que representan a Pedro I en las principales batallas de la Guerra del Norte. Una pintura de Pedro I con Minerva, diosa de la guerra en la mitología romana, decora el nicho diseñado como un arco triunfal para el trono tallado en San Petersburgo a finales del siglo XVIII. Columnas, techos labrados en pan de oro, grandes lámparas y un espectacular suelo recubierto de marquetería con nueve tipos de maderas diferentes completan la decoración del gran salón.

Otra impresionante sala del trono es la “Sala de San Jorge” o “Sala Grande del Trono” (Sala 198).

El “Salón de San Jorge” en el Palacio de Invierno fue creado a principios de la década de 1840 para ser el centro de las grandes recepciones y ceremonias oficiales.  El gran salón es presidido por un magnífico trono hecho en Londres por encargo de la emperatriz Anna Ioannovna entre 1731-32, con el águila bicéfala y un bajorrelieve de San Jorge matando al dragón sobre él.

La estancia de columnas de mármol de Carrara y ormolu (amalgama de oro molido), presenta dos niveles de ventanas que permiten el paso de la luz que se refleja en el magnífico suelo de parquet elaborado con 16 variedades de ricas maderas. 

Suelos de preciosa marquetería . 

Techos bellamente decorados

Salimos del “salón de San Jorge”

Llegamos a la “Sala del Pabellón” en la primera planta del Pequeño Hermitage de Catalina II (Sala 204) o “ Pavilion Hall”.

Aquí la gente se amontona en torno al magnífico Reloj del Pavo Real (Peacock Clock) considerado una obra de arte de la relojería antigua, creado en Inglaterra por el maestro relojero inglés James Cox en 1777 y comprado para Catalina II en 1797 por el príncipe Grigori Potemkin, estadista, militar y político ruso, uno de los amantes de Catalina y su esposo morganático.

Una jaula dorada de vidrio, que combina perfectamente con las lámparas de cristales relucientes y mosaicos de la gran sala, guarda la composición del reloj que integra tres aves cantoras (un pavo real, un gallo y un búho), sobre las ramas de un viejo roble con otras varias figuras de pájaros y ardillas que los rodean, dotadas de mecanismos que las ponen en movimiento. Generalmente esta composición cobra vida los miércoles a las 8 pm (la hora puede cambiar) en ese momento el pavo real gira desplegando su cola, el búho mueve la cabeza y parpadea, el gallo abre el pico y canta.

Después de contemplar el curioso reloj merece la pena detenerse  un momento  para apreciar esta magnífica sala en la que cada rincón es una obra de arte. Impresionantes lámparas decoran los techos entre las primorosas molduras ornamentales de delicada escayola y pan de oro.

Mesas con encimeras de esmalte y piedras semipreciosas, mosaicos bizantinos y florentinos, entre los que destaca debajo de las ventanas, frente al Jardín Colgante un espectacular mosaico,  copia del suelo original de las termas romanas de Ocriculum encontrado durante las excavaciones de 1780, cerca de Roma, representa escenas mitológicas con la cabeza de Medusa en el centro. La copia fue realizada entre 1847 y 1851 en Roma por artistas rusos, estudiantes becados por la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo: V. Raev, I. Shapoválov, S. Fédorov y F. Sólntsev

Otro ejemplo más pequeño de este mosaico también se encuentra en el salón en forma de mesa.

La sala está decorada también con cuatro fuentes de mármol, imitaciones de la «Fuente de las Lágrimas» del Palacio de Bakhchisarai en Crimea.

«La fuente de Bajhchisarái», es una obra escrita por Alexander Pushkin (fundador de la literatura rusa y su mayor poeta lírico) en 1824, que narra una leyenda romántica que tiene lugar en el palacio de los Kanes de Crimea. Entre sus obras, «La fuente de Bajchisarái» no solo fue uno de sus poemas más populares, sino que también sirvió como una especie de versión rusa de “Las mil y una noches”.

Las gotas de agua que caen, como las poéticas lágrimas del Gran Khan de Crimea, sobre las conchas de mármol de la «Sala del Pabellón” del Pequeño Hermitage recrean la atmósfera mágica de Oriente.

Desde aquí se ve parte del Jardín Colgante de la Pequeña Ermita creado entre 1764 y 1773, reconstruido en 1841, situado en la primera planta encima de las instalaciones de las antiguas caballerizas y el picadero, decorado con fuentes y esculturas, ocupa el espacio entre las galerías que conectan los pabellones norte y sur del Petit Hermitage.

Seguimos hacia la “Galería militar de la Guerra Patria” (Sala 197), inaugurada el 25 de diciembre 1826 para conmemorar la victoria sobre los franceses y la expulsión de territorio ruso de Napoleón y sus tropas.

Alberga 332 retratos de generales del ejército ruso que participaron en la campaña de entre 1812 y 1814. Destacan los retratos de dos mariscales de campo, Mikhail Kutuzov y Barclay de Tolly que ocupan una posición destacada. Al fondo de la galería se encuentran los retratos ecuestres de Alejandro I y sus aliados.

Seguimos hacia las “Logias de Rafael” (Sala 227).

Es una reproducción de la galería del Palacio del Papa en el Vaticano, pintada por Rafael y sus discípulos en el siglo XIV.

Catalina la Grande quedó fascinada cuando se le mostraron unos grabados y decidió reproducir dicha galería en su pequeño Hermitage, tras enviar a artistas de la Academia de Bellas Artes al propio Vaticano y copiar sobre lienzos que luego trasladaron a San Petersburgo. Se introdujeron algunas modificaciones como la sustitución del escudo de armas del Papa por el águila bicéfala emblema de los Románov.

La galería está formada por 13 partes iguales separadas por arcos.

La siguiente sala que visitamos es la “Sala Leonardo” (Sala 214). Recibe este nombre por las 2 obras de Leonardo Da Vici. La Madona Benois correspondiente a su periodo creativo temprano y la Madona Litta, que es por el contrario un trabajo de madurez, representando en la imagen de la Virgen el ideal de la belleza física y espiritual.

Como en todo el recorrido por el museo, no solo llaman la atención las obras expuestas sino también la riqueza del propio palacio con sus espectaculares techos, lámparas, puertas, suelos, columnas.

Llegamos a las salas del gran tragaluz en el Nuevo Hermitage (237, 238). Son estancias de techo acristalado que permiten su iluminación natural desde arriba.  

Las salas están adornadas con obras de canteros rusos del siglo XIX con bóvedas ricamente decoradas con molduras además de otros elementos ornamentales de gran valor, destacando los jarrones de malaquita y las lámparas de pórfido gris.

Estas salas acogen obras de pintores italianos. La sala 237 está dedicada a las pinturas de los siglos XVI y XVII de arte italiano, una de las más importantes del Hermitage.  En esta sala destacan especialmente las obras de Veronese y Tintoretto, así como las de artistas de la escuela boloñesa y romana, como Annibale Carracci, Guercino, Guido Reni y Carlo Maratti. 

La Sala 238 contiene una exhibición de pintura italiana de los siglos XVII y XVIII  con obras de  Luca Giordano, Giovanni Battista Crespi, Canaletto, Francesco Guardi y Tiepolo.

Una de las salas contiene obras de artistas españoles del siglo XV a principios del XVII. 

El Museo del Hermitage acoge una de las colecciones de pintura española más importantes fuera de las fronteras nacionales. Se exhiben lienzos de los artistas españoles más destacados de los siglos XVI y XVII. Las obras de El Greco, Ribera, Zurbarán, Velázquez, Murillo, Alonso Cano, Ribalta, Luis de Morales y Valdés Leal entre otros, dan a la colección una particular importancia.

Una de las obras maestras de la pinacoteca es el cuadro de El Greco de “Los apóstoles Pedro y Pablo”. La muestra también incluye obras de artistas del siglo XV: “El Entierro y San Fabián y San Sebastián”, de Luis de Morales y Bartolomé Carducho. Entre los retratos formales de principios del siglo XVII destaca un retrato de Diego de Villamayor realizado por Juan Pantoja de la Cruz.

Otras magníficas salas están dedicadas a artistas holandeses.

Destaca “el regreso del hijo pródigo” obra maestra de Rembrandt.

Seguimos….

“Sala de la Gran Vasija” (Sala 128). En esta sala se exponen obras de la época de los emperadores Trajano y Adriano (finales del siglo I – principios del siglo II d.C.), destacando una magnífica colección de bustos romanos, pero sobre todo la Gran Vasija (Kolyvan vase) hecha en 1843, este impresionante jarrón fue diseñado por el Abraham Melnikov con una forma elíptica, con el eje más grande de 4,5 metros, altura de 2,57 metros y un peso 19 toneladas en una sola pieza de jaspe verde.

Su nombre proviene de la localidad siberiana de Kolyvan de donde, en febrero de 1830, se trajo un bloque de jaspe, extraído de las canteras del Altaj (Monte Revnjucha), del que más tarde se talló el jarrón. El bloque fue transportado en trineos remolcados por 154 caballos hasta el río Chusovaya; luego fue trasladado en una barcaza y llegó a San Petersburgo por el río Nevaío. Se completó en 1843, después de once años de trabajo. Las paredes de la sala de “la ermita” en la que se colocó se completaron después de la colocación del gran jarrón ya que de otro modo no habría pasado por las puertas de acceso.

Otra sala por la que pasamos es la dedicada al «arte de la antigua Grecia en el siglo 4 a.C.» (Sala 114), que fue un periodo de la historia en el que hubo grandes cambios en todos los aspectos de la vida y costumbres, sin olvidar las guerras del Peloponeso. Todo ello es recogido en las expresiones artísticas de la época.

Esta sala también se conoce como “sala de Hércules” por la gran cantidad de estatuas del hijo de Júpiter, el equivalente romano del dios griego Zeus, famoso por su fuerza sobrenatural.

Y por último llegamos a la “Sala del Antiguo Egipto” (Sala 100).  Esta sala fue creada en 1940, dedicada a la cultura y el arte del Antiguo Egipto, abarca un período desde el cuarto milenio antes de Cristo hasta el comienzo de la era cristiana. 

En esta sala acabamos nuestro recorrido por el inmenso museo Hermitage para continuar hacia la otra visita imprescindible en San Petersburgo.

Nos recoge el autocar y en menos de 5 minutos estamos ante la espectacular Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada o Iglesia de la Resurrección de Jesucristo, una de las obras más importantes de arquitectura religiosa y del arte monumental decorativo ruso realizado a finales del siglo XIX.  

Ubicada frente al canal Canal Griboedova (Griboyedov channel embankment) y a los jardines“Mikhailkovski”.

Este lugar no solo es relevante desde el punto de vista religioso, sino que también es importante para la historia. Su nombre hace alusión a su calidad de monumento conmemorativo del atentado que le costó la vida al zar Alejandro II, emperador del Imperio ruso desde el 3 de marzo de 1855 hasta su asesinato el 13 de marzo de 1881.

Alejandro II accedió al trono al morir su padre Nicolás I (nieto de Catalina la Grande) en 1855, tras treinta años de reinado. El nuevo zar asumió el gobierno de un país debilitado y atrasado, derrotado frente a la coalición franco-británica en la Guerra de Crimea (1853-56). Alejandro II atribuyó la derrota de Rusia frente a las potencias occidentales al atraso estructural de la nación y, en consecuencia, adoptó una política reformista. A él se debe la abolición de la servidumbre (1861), hasta el momento los campesinos eran propiedad personal de los terratenientes, que fue seguida de otros cambios, como la reforma del sistema penal (con la eliminación de los castigos corporales), la unificación de los tribunales (haciendo desaparecer las jurisdicciones privilegiadas), la creación de poderes locales elegidos por el pueblo (los zemstvos), la extensión de la educación y la construcción de ferrocarriles.

Esta orientación liberal cambió cuando la oposición al régimen se hizo más amenazadora, reforzó la censura, controló la enseñanza y persiguió a las minorías intelectuales de donde consideraba procedían las ideas renovadoras. Tras sobrevivir a cuatro atentados frustrados (prueba de la creciente violencia de la oposición contra su régimen) el zar Alejandro II murió a los sesenta y tres años, tras 26 años de reinado, asesinado por una bomba del grupo terrorista Naródnaya Volia («Voluntad del Pueblo») en la mañana del 13 de marzo de 1881, en el camino de regreso al Palacio de invierno después de presenciar un desfile militar. Su muerte convirtió en zar a su hijo Alejandro III de 36 años, quien acabó con las reformas liberales iniciadas por su progenitor por considerarlas el germen de los grupos revolucionarios que habían acabado con la vida de su padre. En respuesta al asesinato restauró medidas absolutistas y reprimió duramente toda agitación revolucionaria.

Alejandro III erigió un santuario temporal en el lugar donde su padre sufrió el ataque mortal mientras se diseñaban los planos y se procedía a la recaudación de fondos para un gran monumento en su honor, que perpetuara la memoria del emperador asesinado.

El monumento tomó la forma de la “Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada”, cuya construcción se comenzó en 1883 por orden de Alejandro III (1845-1894) que no pudo ver terminada la obra ya que enfermó gravemente de nefritis y falleció en 1894 a los 49 años tras 13 años de reinado, sucediéndole su hijo, Nicolás II, último zar de Rusia, quien completó la iglesia monumental en 1907.

Los fondos necesarios para tan larga (24 años) y magnífica construcción procedieron de las arcas de la familia imperial y de numerosas donaciones privadas.

La iglesia no se utilizó como lugar de culto público, unicamente se llevaron a cabo panikhidas (servicios conmemorativos).

El templo fue construido imitando las antiguas iglesias ortodoxas rusas de los siglos XVI – XVII.

El estilo de este edificio tradicional ruso contrasta con la arquitectura neoclásica y barroca que predomina en San Petersburgo. Su altura alcanza los 81 metros y tiene una capacidad de hasta 1.600 personas.

Con sus llamativas cúpulas recubiertas de láminas de oro y de esmalte policromo que resplandecen con sus vivos colores, la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, es uno de los más importantes iconos de San Petersburgo.

A raíz de la Revolución Rusa, la iglesia fue saqueada y dañado gravemente su interior. El gobierno soviético cerró la iglesia en 1932. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando muchas personas se morían de hambre debido al asedio de Leningrado por las fuerzas militares alemanas nazis que duró 872 días, la iglesia se utilizó como depósito de cadáveres para los que morían en combate, de hambre o de enfermedad (durante este período perdieron la vida más de 1.2 millones de personas, cerca del 90% murieron de hambre). La iglesia sufrió daños importantes. Después de la guerra, se utilizó como almacén de verduras, lo que llevó al nombre irónico de «Salvador de las patatas» .

Durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba cayó encima de la cúpula más alta de la iglesia que milagrosamente no explotó y permaneció allí durante 19 años sin que nadie se hubiera percatado, hasta que fue descubierta por unos obreros que subieron a la cúpula para reparar unas goteras, entonces se retiró cuidadosamente la bomba y comenzó la restauración de la Iglesia que duró 27 años tras los cuales fue reabierta en agosto de 1997 como museo estatal pero no para el culto.

Entre los muchos detalles de la fachada, están unas 20 placas de granito rojo noruego sobre el zócalo del perímetro de la fachada de la Iglesia, escritos con letras de oro que narran hazañas y obras relevantes del zar-mártir Alejandro II.

También están los escudos mosaicos de las provincias y ciudades de Rusia que aportaron dinero para su construcción. 

Si el exterior es espectacular el interior no desmerece con su rica ornamentación que incluye una de las mayores colecciones de mosaicos monumentales de toda Europa. 

Dentro de la gran Iglesia se conserva el lugar donde se derramó la sangre del zar Alejandro II. Un templete sostenido por columnas y adornado con topacio, lazurita y otras piedras semipreciosas, forma este pequeño santuario que guarda, bajo la cruz ortodoxa de ocho brazos, un fragmento de la barandilla de hierro fundido del borde del muelle donde se produjo el asesinato, pedazos de granito y algunas piedras y adoquines del suelo que se tiñeron con la sangre del zar en el terrible atentado.  

La impresionante decoración barroca del interior de la iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada incluye más de 600 mosaicos monumentales.

Otro de los elementos más importantes, como es tradición en las iglesias ortodoxas,  es el  “Iconostasio”,  donde está la Puerta Santa, por la que solo pueden pasar los sacerdotes. Constituye un impresionante mural de mármol rosado con incrustaciones de plata, bronce, piedras preciosas y semipreciosas.

Terminamos el recorrido por la impresionante Iglesia de San Salvador de la Sangre Derramada.

Nos vamos de nuevo al puerto en el autocar .

En el trayecto volvemos a ver muchos de los edificios más emblemáticos de San Petersburgo que ya conocemos de la excursión de esta mañana narrada en las entradas anteriores.

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